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Lunes, 31 de diciembre de 2007
Lucas tiene 13 a?os y durante unas ocho horas al d?a no escucha a nadie ni habla con los dem?s. Ese tiempo no es el que dedica a dormir. Son las horas que pasa con los auriculares de su reproductor MP3 puestos. Mientras oye las canciones de sus grupos favoritos hace todo lo que har?a si apagara su iPod. Navega por Internet, se queda en su habitaci?n a fantasear, intenta hacer sus deberes, acompa?a a sus padres al supermercado o sale a pasear por el barrio con sus amigos. S?lo hay un detalle at?pico: en su vida faltan las palabras y la comunicaci?n directa.

Al igual que el 85% de los adolescentes menores de 15 a?os, Lucas es usuario habitual de un reproductor MP3. Lo que le diferencia de la mayor?a de j?venes de su misma edad es que su afici?n se ha convertido en una obsesi?n. Por esta raz?n, su caso est? siendo tratado.

Los reproductores MP3 e iPod se han convertido, en menos de una d?cada, en uno de los productos de la industria del ocio m?s vendidos de la historia. En 2007, Apple alcanz? los 100 millones de iPod vendidos; iTunes es la mayor tienda del mundo de canciones, discos y programas pregrabados (podcasts) pensados especialmente para estos dispositivos port?tiles, presentes, seg?n un estudio del Ayuntamiento de Madrid, en casi el 20% de los hogares espa?oles. Tanto es as? que, en los ?ltimos meses, los expertos han empezado a preguntarse si su abuso, m?s all? de las posibles p?rdidas auditivas, acarrea riesgos psicol?gicos y puede convertirse en un problema social.

Javier Abril, psic?logo que ha estudiado casos parecidos al de Lucas y docente de la Universidad San Vicente M?rtir de Valencia (UCV), tiene las ideas claras al respecto: "El abuso de estos aparatos provoca el aislamiento de los m?s j?venes, tanto en el entorno familiar como entre los amigos. Adem?s, puede inducir a la aparici?n de ansiedad, afectar a la autoestima y magnificar algunos miedos de la adolescencia. De todas formas, el problema fundamental es la falta de autocontrol en una edad en la que los padres deben ejercer su funci?n de gu?as".

Un amplio estudio sobre la relaci?n entre nuevas tecnolog?as y comunicaci?n, realizado por un equipo de psic?logos de la cl?nica universitaria de la UCV, deja claro que el uso de las tecnolog?as no suele constituir la ?nica causa de estos problemas. Aunque, a?ade Abril, "la utilizaci?n excesiva de esos reproductores puede despertar en los menores de 15 a?os no s?lo problemas de car?cter psicol?gico, sino que implica tambi?n el sedentarismo f?sico. Los chavales pueden pasarse el d?a entre el sof? y el ordenador sin hacer ning?n tipo de ejercicio f?sico".

Todo lo contrario de lo que ocurre con los que utilizan los reproductores MP3 mientras hacen ejercicio en el gimnasio o salen a correr. Porque, generalmente, se trata de otras generaciones de usuarios. De todas formas, si las organizaciones de consumidores y algunas asociaciones de padres recomiendan, ante todo, "el sentido com?n", hay expertos que recuerdan que "cualquier actividad, incluso la lectura, puede ser mala, si se utiliza para huir de la realidad y aislarse". Pero ?qui?n decide? Y, sobre todo, ?es posible definir unos l?mites?

En opini?n de Abril, entre los indicadores que pueden alertar de una especie de adicci?n al MP3 se encuentra el uso durante m?s de dos horas diarias. "Aunque es importante destacar que m?s que una cuesti?n de tiempo se trata de una cuesti?n de formaci?n y de educaci?n", dice. "Los padres tienen que aprender a decir que no y, si no pueden hacerlo, pedir ayuda a los profesionales". Porque es muy importante que los adolescentes, que se encuentran en una fase crucial para el crecimiento, "aprendan a comunicar y compartir sus opiniones con los dem?s, a partir de los padres y el entorno familiar, y a defenderlas ante ellos".

Sin embargo, los MP3 no son s?lo el s?mbolo de millones de adolescentes. Desde finales de los noventa, han entrado a formar parte de nuestra vida cotidiana cuando nos desplazamos en el metro o practicamos alg?n deporte, por la calle, en el trabajo, incluso en el coche. Y los estudios prev?n que, ahora que las compa??as de telefon?a m?vil han empezado a implementar ese dispositivo en los celulares, su difusi?n crezca cada vez m?s. Tanto es as? que, en febrero, un senador dem?crata de Nueva York, Carl Kruger, propuso, por razones de seguridad, multar con 100 d?lares (68 euros) al que cruzara una calle con un tel?fono m?vil, un reproductor de m?sica o consola de videojuegos port?tiles encendidos.

La iniciativa no prosper?, mientras que, por ejemplo, s? tuvo ?xito otra, impuesta por la federaci?n estadounidense de baloncesto (NBA). ?El resultado? Algunos jugadores estrella tienen prohibido encender su iPod cuando faltan 20 minutos para los partidos: "Para no aislarse, perder la concentraci?n y acordarse de que no van a jugar solos".

Para observar c?mo se puede comportar una parte de aquella franja de usuarios que ya ha vivido su adolescencia, nos vamos a otro escenario. Estamos en una discoteca de M?laga o un club de Alicante, un fin de semana cualquiera. Algunos disc jockeys especializados en distintos estilos musicales ya han subido a la mesa para pinchar.

En la pista, los asistentes empiezan a bailar. Sin embargo, en lugar de moverse todos al mismo ritmo, lo hacen al comp?s de rock cl?sico, hip-hop, salsa, m?sica electr?nica, jazz, house... Todos al mismo tiempo. Porque cada uno lleva unos auriculares inal?mbricos conectados al canal de m?sica que prefiere.

La escena, vista desde fuera, puede parecer una performance art?stica. Pero no. Se trata de una forma de entretenimiento como otra. El mercado del ocio conoce sus gustos y esta Fiesta Silenciosa, lanzada en 2005 por una productora andaluza, ya es una marca registrada. Uno de sus promotores, el malague?o Manuel Rinc?n, incide en sus ventajas: "Escuchar en soledad puede convertirse en la posible soluci?n de toda aquella sala que no est? debidamente insonorizada o que no tiene licencia de m?sica hasta altas horas de la madrugada; ya que se garantizar?a el descanso a los vecinos y asegurar?a la diversi?n de los clientes y la comunicaci?n", dice.

?La comunicaci?n? Para Tomeu Garc?a, 24 a?os, quien el a?o pasado particip? en esa fiesta durante sus vacaciones en Mallorca, s? es posible hablar si se baja el volumen de los auriculares. "De todas formas", admite, "me parece un tipo de diversi?n que da la idea de los gustos de mi generaci?n, en la que cada uno va a lo suyo".

Y es que, m?s all? de las buenas intenciones de los promotores, este formato de fiesta, que incluso ha ganado un premio a la mejor idea empresarial, casa con las actitudes de una generaci?n que maneja muy bien las nuevas tecnolog?as, ha crecido conectada a Internet y se mueve a sus anchas entre comunidades online. Una quinta de j?venes que tienen entre 18 y 36 a?os llamada por la psic?loga estadounidense Jean Twenge Generation Me (Generaci?n Yo) en su libro hom?nimo.

Esta profesora de la Universidad de San Diego -California- destaca en una investigaci?n que los estudiantes universitarios nacidos despu?s de 1982 suelen ser, por regla general, m?s narcisistas e individualistas que sus predecesores.

Ante todo, para Twenge, "es imposible hacer cualquier tipo de retrato generacional sin tener en cuenta las innovaciones tecnol?gicas", y a?ade: "Propongo un nombre para la generaci?n de j?venes nacidos entre 1981 y 1999: iGeneration, o iGen. Esta generaci?n ha sido profundamente influida por las nuevas tecnolog?as, incluyendo Internet y, por supuesto, los iPod. Esa i engloba tambi?n la esencia de mi descripci?n de la Generaci?n Yo: puede sustituir la primera persona singular o sugerir la primera letra de la palabra clave: individualismo".

En otro frente, los defensores de estos dispositivos esgrimen argumentos opuestos y consideran que, incluso en el mundo individualista en el que vivimos, se han convertido en una especie de s?mbolo del compartir, en referencia a la posibilidad de intercambiar archivos a trav?s de programas online. Si escuchar m?sica puede ser un acto individual, buscar un disco o una canci?n en una p?gina web, comprarlo y compartir el archivo para que otros usuarios lo incluyan en la lista de su reproductor MP3 puede ser considerado como una especie de acto social.

Para muchos docentes de educaci?n musical, adem?s, "el conocimiento y manejo instrumental de estas tecnolog?as, la forma de interpretar o de relacionarse con la realidad a trav?s de ellas y las implicaciones sociales que todo esto conlleva ya forman parte de la cultura de nuestro tiempo". ?sta, al menos, es la opini?n de un equipo de pedagogos y music?logos, autores de un manual para un curso de formaci?n organizado por el Ministerio de Educaci?n y Ciencia.

Noem? L?pez y Manuel Gertr?dix Barrio hacen hincapi? en las posibilidades que ofrecen los reproductores MP3: "Ahora toca aprovechar las oportunidades did?cticas de un mundo en el que nuestros alumnos se mueven entre descargas de archivos MP3 en su dispositivo port?til, el uso de videojuegos o el intercambio de informaci?n a trav?s de la Red... A la hora de realizar actividades de audici?n podr?amos pedir que busquen en Emule o en Limewire alguna versi?n del R?quiem de Mozart y que se descarguen el Lacrimosa...".

Seg?n Javier Abril, incluso los padres m?s familiarizados con las nuevas tecnolog?as pueden aprovechar los reproductores MP3 para fomentar la educaci?n musical de sus hijos, aunque recuerda que "el simple acto de escuchar m?sica no supone necesariamente el saber valorarla o el aprender algo sobre ella".

Lo m?s importante para los psic?logos, de todas formas, es que los padres de adolescentes sean conscientes de que "el uso prolongado de los lectores MP3 puede provocar adicci?n". No es una casualidad que muchos m?dicos proh?ban el uso de estos dispositivos a los pacientes que ingresan en alg?n centro de rehabilitaci?n de drogodependencias. Porque, para rehabilitarse, es ante todo necesario volver al contacto directo con la realidad y a la comunicaci?n directa con los dem?s.

Con respecto a los riesgos para la audici?n, la fundaci?n de la empresa de aud?fonos y correcci?n auditiva GAES puso en marcha hace unos meses la campa?a No te olvides de tus o?dos, que pretende concienciar a los m?s j?venes sobre el uso prolongado de estos dispositivos. Y es que la mayor?a de reproductores permiten escuchar m?sica a un volumen que puede llegar a los 112 decibelios, casi los que produce, por ejemplo, el despegue de un avi?n.

Seg?n los expertos, una exposici?n prolongada a ruidos de m?s de 85 decibelios puede causar problemas auditivos que, en algunos casos, consiguen lesionar el o?do interno. Un ejemplo: tan s?lo una hora escuchando la m?sica a todo volumen con un reproductor y con los auriculares puestos puede causar da?os permanentes que reduzcan la capacidad de o?r.

Todav?a no hay estad?sticas precisas al respecto, aunque en Estados Unidos, Reino Unido y M?xico algunos usuarios han demandado a Apple por p?rdidas auditivas. Una demanda interpuesta en un tribunal del condado estadounidense de San Jos?, por ejemplo, define as? los iPod: "Son defectuosos y no llevan las suficientes advertencias sobre la posibilidad de p?rdida auditiva".

Hasta ahora, ning?n demandante ha conseguido ganar. Sin embargo, tal vez hagan un uso m?s prudente de los dispositivos de la nueva generaci?n de MP4. Sobre todo porque, con esos reproductores con pantalla se trata de tener ocupados o?dos y ojos. De momento, se libran dos sentidos: el gusto y el olfato. ?Durar??
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