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Lunes, 03 de diciembre de 2007
La pelota necesitaba diversi?n y apareci? Tit?n III. Llenazos en los frontones, admiraci?n siempre en aumento, compromiso y respeto por el pundonor de un valiente. Pero el deporte, tantas veces d?scolo e injusto, se negaba a recompensar al delantero riojano. Quince a?os para llenar un tango de amargor, decepciones, peque?as alegr?as y el innegable sufrimiento de los imposibles. Sin embargo, ten?a que llegar el gran d?a del de Tricio. Tras clasificarse para la final contra todo pron?stico y despu?s de llorar la p?rdida de su padre hace apenas una semana, Tit?n vivi? su gran d?a: la entrada en el olimpo de los campeones individuales.

Result? la del Ogueta una final dram?tica, como era de prever, con el delantero aprovechando su ataque mort?fero para superar sus carencias. Barriola, quien acumula cuatro subcampeonatos, llev? a Tit?n hasta las cuerdas y a punto estuvo de romper el en?simo sue?o del riojano. Harto de sinsabores, el de Tricio revent? por las costuras a su contrincante con su juego directo, intimidador y apasionado.

La lecci?n dio comienzo desde el primer tanto. Tit?n se dispar? sin dejar respirar a su rival, que comenz? muy fr?o pese a contar con la ventaja del saque. Dos cortadas al ancho, un par de atravesadas por la pared, un gancho flojito y quir?rgico y una dejada al txoko sacaron del partido a Barriola. Sin apenas respirar, el riojano ya dominaba con un contundente 6-0. Y, adem?s, minando la moral del navarro, bati?ndole sin apenas permitirle el juego a bote. Gozaba Tit?n de todo mientras el de Leitza ped?a el asilo del banquillo.

Barriola se recompuso un poco con una tacada de tres tantos, en la que mostr? que sus manos siguen siendo unos trabucos ingobernables. Sin embargo, los nervios, la tensi?n o el continuo trantr?n de Tit?n por cortar los saques llev? al navarro a cometer una falta en el tiro inicial.

El delantero de Tricio, sin amilanarse por los tantos recibidos, encaden? otra racha de casta y ansia rematadora. Con un par de dejadas, un fallo de Barriola y una serie consecutiva de cuatro ganchos vedados a cualquier profesional excepto a Tit?n, el veteran?simo pelotari subi? el 15-3 al tanteador. El colch?n parec?a m?s que suficiente, pero la pelota vive de las revueltas y el nerviosismo.

Encontr? Barriola parte de la templanza que le hab?a faltado. Encaden? su fuerza y comenz? el desbrozado de la defensa de Tit?n, que err? en una dejada alcanzable. Los tantos comenzaron a caer del lado azul mientras los apostadores trataban cubrirse de la cat?strofe que se avecinaba. Con un saque potent?simo y mucha visi?n, obligando a su rival a correr, el zaguero navarro logr? el 16-13. La tormenta se cern?a sobre el delantero, que quer?a acabar el choque cuanto antes, temeroso de que su f?sico no aguantase, como ya le ocurri? ante el mismo rival en la liguilla de semifinales, y que su cabeza se perdiese en la revuelta de las dudas.

La reacci?n se trunc? con un par de yerros de Barriola en zurdazos sencillos, sin misterio, y el partido, hasta entonces de tacadas, se trab? con tantos que ca?an a los dos lados. As?, con el 19-15, Tit?n aprovech? otro fallo de su rival, milimetr? otro gancho y, con un buen saque, cerr? el partido so?ado con un evidente 22-15. "Ya no me podr? retirar sin saber lo que significa llegar a 22 en una final individual", resumi? el campe?n. Nada m?s que el justo pago a los m?ritos adquiridos durante tres lustros de carrera profesional con m?s sinsabores que alegr?as.
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