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Domingo, 26 de agosto de 2007
"Pido que se me castre, porque mi deseo es ser persona". La frase la redact? Jes?s Agust?n Hern?ndez, de 52 a?os, al juez que lleva su caso. Hern?ndez est? acusado de violar a una ni?a de diez a?os, en agosto de 2004, en la localidad madrile?a de Miraflores de la Sierra.

En los a?os ochenta, este hombre ya fue condenado a 46 a?os de prisi?n por violar y asesinar a otra ni?a en Las Palmas. Durante su reciente juicio, Hern?ndez reconoci? su delito, pidi? perd?n y solicit? que no le dejen salir nunca m?s de prisi?n. "Soy un peligro p?blico", exclam?.

Su caso ilustra un problema de dif?cil resoluci?n: la rehabilitaci?n de los agresores sexuales. Uno de cada cinco violadores reinciden cuando abandonan la prisi?n, seg?n los expertos. El debate estalla, de forma peri?dica, cada vez que se produce un hecho especialmente doloroso. Como el de un pederasta franc?s condenado tres veces por abusos sexuales, que, poco despu?s de abandonar la c?rcel, viol? supuestamente a un ni?o de cinco a?os. El presidente franc?s, Nicolas Sarkozy, abog? por aplicar nuevas medidas, m?s contundentes, contra quienes reinciden. Una de ellas ha causado especial revuelo: la castraci?n qu?mica.

Los pol?ticos espa?oles de todo el arco ideol?gico no han tardado en reaccionar (a favor o en contra) ante el inesperado anuncio. Con algo m?s de sosiego, quienes conocen el tema han expresado abiertamente sus dudas sobre la utilizaci?n de este m?todo terap?utico. M?dicos y psic?logos consultados por este diario cuestionan su eficacia para contener al agresor y evitar nuevos cr?menes. Y los juristas insisten en que, con la normativa actual, la aplicaci?n de la castraci?n qu?mica est? fuera de la ley: ni la Constituci?n Espa?ola, que protege derechos fundamentales del individuo, ni el vigente C?digo Penal, la permiten.

En Catalu?a, el Departamento de Justicia de la Generalitat ha creado una comisi?n independiente, integrada por una serie de expertos de alto nivel, para estudiar qu? hacer con los ex presos reincidentes de delitos muy graves. Estar? presidida por el ex fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Catalu?a, Jos? Mar?a Mena. La comisi?n deber? elaborar un informe de conclusiones en seis meses a partir del pr?ximo 13 de septiembre, cuando se reunir? por primera vez. La castraci?n qu?mica formar? parte de la agenda de los expertos.

La iniciativa surgi? poco despu?s de que, a finales de mayo, saliera en libertad Alejandro Mart?nez Singul, conocido como el segundo violador del Eixample de Barcelona. Singul abandon? la c?rcel de Quatre Camins tras cumplir 16 de los 65 a?os de condena. Eso, a pesar de que el informe de la Junta de Tratamiento explicitaba que no se hab?a rehabilitado y que pod?a volver a delinquir.

Pero, ?qu? es la castraci?n qu?mica tan debatida los ?ltimos d?as? "Consiste en administrar cierto tipo de f?rmacos que disminuyen la libido del paciente y, por tanto, sus deseos y fantas?as sexuales", explica el andr?logo Eduard Ruiz Casta??, miembro de la citada comisi?n. Estos medicamentos -los m?s conocidos son el Decapeptyl y el Procrin- se utilizan ahora en el tratamiento del c?ncer de pr?stata. Sus efectos son, a priori, reversibles: s?lo act?an mientras se consumen. "En teor?a, pueden quitarle al delincuente las ganas de agredir sexualmente", sostiene.

Pero muchos, incluido Casta??, dudan de su eficacia real. "No hay pruebas de que la castraci?n, ya sea f?sica o qu?mica, sirva para inhibir el deseo en las personas adultas", argumenta el psic?logo cl?nico Emilio Escuer, experto en temas sexuales. Escuer opina que el deseo no procede exclusivamente de impulsos f?sicos. "En cada individuo hay una interacci?n constante entre el cerebro y las hormonas; lo f?sico es tan determinante para el comportamiento como lo aprendido, lo social, lo cultural". En otras palabras, que "el sexo est? tambi?n en el cerebro". La consecuencia: "Que calmar las hormonas no eliminar?a la educaci?n adquirida, por lo que el tratamiento no ser?a una soluci?n definitiva", razona el psic?logo.

En la misma l?nea se expresa ?ngel Cuquerella, m?dico forense y psic?logo. "La conducta tiene una parte impulsiva y otra cognitiva. Si alguien est? trastornado, los f?rmacos no le van ayudar". En opini?n de Cuquerella, tambi?n miembro de la comisi?n, la castraci?n qu?mica s?lo ser?a un "complemento" del tratamiento principal: la "terapia psicol?gica". En este sentido, remarca los ?xitos que, en ocasiones, se logran con algunos reincidentes reclusos: "Hay violadores y ped?filos que, cuando salen de la c?rcel, no vuelven a agredir".

La efectividad del tratamiento, sugieren los m?dicos, no ha sido contrastada. Aun as?, la castraci?n qu?mica ya se aplica en algunos lugares. Como en los estados de California y Florida, en Estados Unidos. La Asociaci?n de Asistencia a V?ctimas de Agresiones Sexuales ha se?alado que "en Estados Unidos no ha tenido ning?n ?xito". Los reclusos que han aceptado someterse a esta medida "han salido mucho m?s rebotados, m?s nerviosos y m?s peligrosos", afirma la presidenta de esta asociaci?n, Roc?o Mielgo. Hace dos a?os, Francia impuls? un programa piloto con un grupo de 48 delincuentes reincidentes, todos voluntarios. Desde entonces, el pa?s galo estudia extender el tratamiento.

Los expertos advierten de que, en lugar de acabar con la agresividad, la castraci?n qu?mica puede limitarse a "desviarla". "Si a un violador agresivo se le provoca impotencia, puede expulsar esa agresividad por otras v?as y convertirse, por ejemplo, en un asesino", apunta el doctor Ruiz Casta??.

En Espa?a, la castraci?n qu?mica no est? contemplada en la legislaci?n y, por tanto, est? prohibida. As? lo aseguran expertos juristas como Ram?n Garc?a Albero, catedr?tico de Derecho Constitucional por la Universidad de Lleida. "Adem?s, el m?todo plantea serios problemas de inconstitucionalidad", insiste Garc?a Albero, porque se vulnerar?an derechos fundamentales del individuo. Ni siquiera servir?a que el penado lo consintiese expresamente. "El consentimiento del titular afectado es irrelevante para decidir sobre su integridad f?sica".

La situaci?n podr?a cambiar si el Congreso aprueba una Ley Org?nica en ese sentido. Pero aun as?, persistir?an dudas sobre su legalidad. Para el director del Centro de Estudios Jur?dicos del Departamento de Justicia, Joan Xirau, "deber?a redactarse una normativa muy clara y detallada" para poder aplicar el tratamiento. Y siempre que "el consentimiento se preste en condiciones de plena libertad", a?ade Garc?a Albero, que tambi?n pone en duda su eficacia m?dica: "El sexo est? en la cabeza, no s?lo en las hormonas".
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