Imagínense a un genio, por ejemplo Beethoven, dominado por la emoción incontenible echándose a llorar, magdalena, en los momentos más intensos del estreno de una de sus obras maestras, de la Novena, por ejemplo, al frente de la orquesta en un teatro conmovido. Enorme, descomunal, algo así. Tremendo. Histórico. No muy lejano de este ejemplo extremo fue lo que sucedió ayer al atardecer en el velódromo de Palma de Mallorca, el público, su público, en delirio, febril, cuando Joan Llaneras, un hombre [...]
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