La reconciliación del cine español con Pedro Almodóvar dejó ayer un regusto agridulce al manchego, que debió de arrepentirse en su casa de no haber acudido a los Goya. 'Volver' ganó los premios gordos de la noche, cinco Goyas a la mejor película, director, actriz protagonista (Penélope Cruz), actriz de reparto (Carmen Maura) y música (Alberto Iglesias). Pero no arrasó.
La vencedora moral fue 'El laberinto del fauno', que arrambló por sorpresa con siete estatuillas, la mayoría en apartados técnicos, aunque el mexicano arrebató el Goya al guión original al manchego. 'Alatriste' fue la gran perdedora con tres míseras estatuillas. Lo que se presumía un combate a los puntos entre Almodóvar y Agustín Díaz Yanes acabó con un KO para el director de la cinta más taquillera del año.
La 21ª edición de los Premios de la Academia sancionó el relevo generacional del cine español en una gala ágil que acabó con años de tediosas ceremonias plagadas de chistes malos y diálogos de vergüenza ajena. Casi todos los presentadores y premiados cumplieron su papel. Estuvo el 'star system' joven al completo. Aire fresco, al fin.
El aluvión de premios para el filme de Guillermo del Toro confirma los aires internacionales de una industria que habla inglés y recompensa a una cinta que representa este año a México en los Oscar, a pesar de estar financiada en un 80% con capital español; las seis nominaciones al Oscar de 'El laberinto del fauno' debieron de influir en los académicos.
José Corbacho rogó por una gala rápida y lo ejemplificó disparando un tiro al primer premiado de la noche, un falso Goya «a la edición musical» que sembró el desconcierto y después las risas en el patio de butacas. El retardo de media hora en la retransmisión televisiva consiguió ahorrar tiempos muertos pero tuvo un efecto inesperado: disparar la audiencia de las radios y diarios digitales, donde era posible seguir la gala en directo y matar el efecto sorpresa. Casi una hora antes, ya se sabía quiénes eran los ganadores.
A diferencia de otros años, Televisión Española aprovechó el paseo por la alfombra roja -verde por el patrocinio de una marca de whisky- y entrevistó a las estrellas a su entrada. Como en Hollywood. Hasta se permitió alardes técnicos y siguió al presentador entre bastidores. Ni una metedura de pata.
Corbacho se benefició de un guión ingenioso y fue fiel a sus señas de identidad en 'Buenafuente' y 'Homo Zapping': el aplomo en escena, la capacidad de improvisación y un humor agresivo teñido de borderío y gozosas ráfagas de mal gusto. Su parodia de 'Volver' con Penélope Cruz en la taza del excusado la hubieran firmado encantados los Monty Python más salvajes.
Hasta el habitual discurso de la presidenta se contagió de brevedad. La novata Ángeles González Sinde demostró más tablas que sus predecesoras. No hizo victimismo ni rogó subvenciones. Definió el cine como un «recurso para vivir mejor» y apeló a la diversidad «para que nadie sea esclavo de las ideas ajenas». Cuando los organizadores de la ceremonia prometieron que no habría alusiones políticas no mentían.
Sacudir la caspa
No hubo sorpresas en los premios grandes de interpretación. Una Penélope Cruz al borde del llanto obtuvo el segundo Goya de su vida por 'Volver'. Agradeció la estatuilla al ausente Almodóvar, «por haberme regalado a Raimunda: con ella y contigo he vivido una de las etapas más felices de mi vida». Quizá anticipaba su noche de los Oscar.
Juan Diego se sabía favorito y contuvo su proverbial torrentera sentimental. Caballero, tuvo el detallazo de emocionar a su compañero en 'Vete de mí', Juan Diego Botto, al incluirle en las dedicatorias. También sonó a tributo el Goya a la mejor secundaria para Carmen Maura, que ha quedado eclipsada en el éxito de 'Volver' por la catarata de premios de Penélope Cruz. La propia Maura reconoció que se lo tomaba «como un homenaje».
El mejor actor de reparto fue Antonio de la Torre, el primero de los tres Goyas de 'Azuloscurocasinegro', la ópera prima del año y la otra sorpresa de la noche: nadie esperaba más que el galardón a la dirección novel para Daniel Sánchez Arévalo. Al dinamismo de la fiesta contribuyó una tensión que se diría creada por un sagaz guionista. Arrinconada 'Alatriste', cuando Guillermo del Toro recogió el Goya al guión original parecía que la Academia iba a dar un nuevo desplante a Almodóvar.
Pero no. 'Volver' luce orgulloso sus cinco premios, Almodóvar respira tranquilo y los Goya se sacuden la caspa de veintiún años. Al final de la gala, el presentador reveló que Alejandro Amenábar había llegado a subirse a una escalera para colocar las cortinas. La mejor prueba de la implicación de los talentos que alimentan la taquilla. Por algo Santiago Segura entregó el Goya final a 'Volver'.