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domingo, 23 de julio de 2006
SI usted nota hoy algún sofoco que le hace pensar en la posibilidad de un infarto; si percibe extrañas interferencias en su televisor, aparato de radio o teléfono móvil; si observa un funcionamiento incorrecto del navegador de su automóvil, su buscapersonas o sus electrodomésticos; si cree percibir un extraño movimiento en su brújula o cree ver alguna aurora boreal, ese meteoro luminoso cerca de los polos magnéticos, no les eche la culpa a los avatares de la política. Tampoco suponga que es el preludio de las trompetas del Apocalipsis, ni una consecuencia imprevisible de las altas temperaturas que estamos padeciendo este agitado verano. Tranquilícese. Que no cunda el pánico.

Dicen los científicos que una explosión en la superficie solar provocará hoy en la Tierra una tormenta geomagnética. De vez en cuando, el Sol escupe una burbuja de gas ionizado que produce cambios en el magnetismo terrestre. Eso provoca auroras boreales, dificultades en la regulación del voltaje de los aparatos eléctricos, puede afectar al funcionamiento de satélites, redes eléctricas, sistemas de navegación y oleoductos, e influye de modo negativo en la salud de las personas sensibles a las alteraciones del campo magnético terrestre. Ese magnetismo de nuestro planeta está en continua variación, lo que hace que el polo magnético no coincida con el geográfico y esté en permanente movimiento. Hace poco se ha sabido que el polo Norte magnético se está moviendo tan rápido que en menos de 50 años podría desplazarse desde Alaska, donde está en la actualidad, hasta Liberia. Los expertos han calculado que, a lo largo de la Historia geológica, el polo Norte y el Sur han intercambiado sus puestos una vez cada 300.000 años, con lo que el campo magnético de nuestro planeta habría invertido su polaridad por lo menos 170 veces en los pasados 100 millones de años. Puede que el mundo todavía no haya perdido el Norte. Pero la verdad es que están pasando cosas de aurora boreal.
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